Más sobre árboles sagrados

Los árboles han sido venerados como monumentos sagrados desde la era prehistórica. Nuestros antepasados bien pueden haberse inspirado en su ciclo anual de descomposición en el otoño seguido de su renacimiento en la primavera. Los árboles se convirtieron en símbolos de la vida, la muerte y el renacimiento. El árbol representa una manifestación muy especial de las fuerzas y del poder divino. Fue venerado en todas las culturas y en todos los tiempos, y desde siempre estuvo íntimamente relacionado con el destino de los hombres. 


Manfred Lurker divide el simbolismo de los árboles en tres sectores, hacia los cuales está orientado este artículo. Lurker menciona el Árbol Cósmico, el Árbol de la Vida y el Árbol del Conocimiento. Estos tres aspectos del simbolismo del árbol se fusionan y, frecuentemente, en un árbol sagrado se encuentran reunidos dos y a veces los tres aspectos.


El Árbol Cósmico es, frecuentemente, un árbol invertido, un “árbor inversa”. Representa la Creación como un movimiento descendente. Las semillas espirituales del árbol se encuentran en el cielo, en el mundo divino, y su corona se extiende sobre el mundo. Unifica los tres niveles del cosmos en un “axis mundi”: Cielo (mundo de los dioses), Tierra (mundo de los hombres) y mundo subterráneo (mundo de los muertos, de las energías cetónicas). El Árbol Cósmico se ubica en el centro del mundo, en el Omfalos. Es el pilar central, la columna del centro, la cual apoya el mundo. El árbol se ubica entonces en un lugar sagrado. Los lugares sagrados antiguos forman un microcosmos: un paisaje de piedras, de aguas y árboles. La piedra indica aquí la duración y representa la realidad por excelencia, la indestructibilidad, lo estático. El árbol, con su renovar periódico, representa el poder sagrado de lo viviente; el agua y la fuente representan las fuerzas secretas del interior de la tierra, la semilla, la purificación. Ese paisaje microcósmico se reduce a un único elemento esencial: el árbol o pilar sagrado, que simboliza el cosmos.



El tema más común que se encuentra en la mitología mundial es el “Árbol de la vida“, que se dice que crea y prolonga la vida. En muchos casos, nuestros antepasados creían que estos grandes árboles dieron a luz a los Dioses e incluso a la humanidad misma. El árbol fue considerado como encarnación del principio vital, por una parte porque a través de su ciclo de las estaciones del año representa el retorno de la regeneración, y por otra parte, los coníferos siempre verdes son una encarnación de los principios inagotables y eternos de la vida. Por ello se ha mantenido hasta hoy en día en algunos lugares el rito de plantar un árbol al nacimiento de un niño, el cual le transmite su vitalidad. Además, el árbol aparece en muchas mitologías como portador de inmortalidad, es la planta que puede aportar la vida eterna, como el “Soma” de los Vedas o el “Haoma” del Avesta, que a veces se ve representado como fuente o bebida divina. Los frutos del Árbol de la Inmortalidad o la planta o hierba que puede otorgarla son siempre difíciles de alcanzar. Suelen ser custodiados y protegidos por monstruos, como por ejemplo el Árbol de las Hespérides, o el Árbol de la Vida en el paraíso bíblico. Estos árboles se encuentran al final del mundo, o en el cielo, como el melocotonero P´an mou de los chinos, el cual ofrece los frutos de la inmortalidad, o en cualquier otro lugar inaccesible, como la Hierba de la Vida que Gilgamesh tiene que recoger del fondo del océano. El simbolismo resulta claro: la inmortalidad es difícil de adquirir, y se encuentra concentrada en un árbol o Pozo de la Vida, que se halla en un lugar difícil de alcanzar. El árbol está custodiado por un monstruo, y la victoria sobre ese monstruo tiene un significado iniciático: el héroe tiene que abrirse camino, tras haber pedido consejo a los “seres correctos”, y tiene que pasar por pruebas a través de las cuales tendrá el derecho a la inmortalidad. El árbol encarna la vida eterna. De cualquier modo, es curioso constatar que hay árboles que viven más de mil años, y parecen prácticamente inmortales para los hombres.


-En el Tengrinismo, se dice que los humanos descienden de los Árboles, así como otras entidades espirituales y dioses menores que vivieron durante cientos de años.

-Un árbol de la vida pertenecía a la diosa Iusaaset, de quien se decía que había concebido el linaje de dioses egipcios a través de las propiedades arbóreas de los árboles.

-Se dice que el árbol de Kalpavriksha de la mitología védica produce una abundancia de fruta vivificante para aquellos que lo desean.



El Árbol de la Vida y el Árbol del Conocimiento se encuentran en estrecha relación. Sabiduría y conocimiento son difíciles de alcanzar, como la inmortalidad. Hay que realizar sacrificios inmensos y conseguir grandes victorias. Hay que alcanzar ese contacto directo con el Árbol del Mundo, el cual, a través de su función como axis mundi, posibilita la ascensión al mundo espiritual y la visión mística. El árbol sirve como canal hacia el conocimiento. Es el eje de la intuición, la fuente de la inspiración. La carta n.º 11 de los tarots representa un sacrificio en el árbol. El Colgado simboliza al espíritu prisionero en la materia, el cual, a través del crecimiento mágico de las palmas, se libera de aquello que impide su desarrollo espiritual. Por ello pierde las monedas, es decir, sacrifica lo material para alcanzar el verdadero conocimiento. El árbol del conocimiento del bien y del mal, también llamado árbol de la ciencia del bien y del mal, es presentado como el instrumento de la caída de Adán. A diferencia del árbol de la vida que se presenta como unidad, el árbol del conocimiento del bien y del mal presenta una dualidad. El mayor conocimiento adquirido fue la capacidad moral, los seres humanos comenzaron a juzgar si los hechos eran buenos o malos (como la desnudez natural) y se dieron cuenta de las consecuencias de sus actos (se sintieron avergonzados). El acto de desobediencia abrió los ojos de Adán y Eva al mal.


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