Los 9 niveles del Mictlán y el origen del Día de Muertos
Actualizado: hace 1 día
Mictlán / Mitología / deidades antiguas

Cada año, cuando ponemos la ofrenda y encendemos una vela, repetimos sin darnos cuenta un gesto muy antiguo: acompañar a nuestros muertos en su camino. Para los pueblos nahuas del centro de México, ese camino tenía nombre: el Mictlán, el lugar de los muertos. No era un castigo ni un premio. Era un viaje largo, de varios años, que terminaba ante los señores de la muerte.
En este artículo recorremos el Mictlán: qué era, quiénes llegaban ahí, cuáles son sus nueve niveles según los códices y cómo esta visión forma parte del origen del Día de Muertos que celebramos hoy.
Prende tu vela: empezamos el descenso.
¿Qué es el Mictlán?
Mictlan significa en náhuatl "lugar de los muertos". Los mexicas y otros pueblos nahuas lo imaginaban debajo de la tierra, hacia el norte, como un sitio frío, oscuro y silencioso, gobernado por una pareja divina: Mictlantecuhtli, el Señor del Mictlán, y Mictecacíhuatl, la Señora del Mictlán.
Conviene no confundirlo con el infierno cristiano. Cuando los frailes del siglo XVI escribieron sobre el Mictlán lo llamaron «infierno», porque era la palabra que tenían a mano, pero en la visión nahua el destino del alma no dependía de cómo se había portado la persona en vida, sino, sobre todo, de cómo había muerto.
¿Quiénes iban al Mictlán? Los destinos del alma
Según lo que los sabios nahuas contaron a fray Bernardino de Sahagún, había varios destinos posibles:
Tonatiuh Ichan, la casa del Sol, para los guerreros muertos en combate o sacrificados y para las mujeres que morían en el parto, a quienes se honraba como guerreras.
Tlalocan, el paraíso de Tláloc, para quienes morían por causas ligadas al agua: ahogados, fulminados por un rayo o por ciertas enfermedades.
Chichihuacuauhco, que aparece en el Códice Vaticano A: un árbol nodriza que alimentaba a los niños muy pequeños que morían.
El Mictlán, para la mayoría: quienes morían de enfermedad, de vejez o de cualquier muerte «común».
Por eso el Mictlán no era un lugar temido por sí mismo: era el destino natural de casi todas las personas.
Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, señores del Mictlán
En los códices, Mictlantecuhtli aparece como un esqueleto o un cuerpo descarnado, con adornos de papel, a veces con el hígado colgando del pecho y rodeado de búhos y arañas, animales de la noche. Una de sus imágenes más famosas está en la lámina 56 del Códice Borgia, donde aparece espalda con Quetzalcóatl: la muerte y la vida como dos caras de lo mismo. En el Museo del Templo Mayor de la Ciudad de México se pueden ver dos grandes esculturas de barro de este dios, halladas en la Casa de las Águilas.
Mictecacíhuatl es su compañera y reina con él en lo más profundo del inframundo. Los dos aparecen en uno de los mitos más bellos de la creación: según la Leyenda de los Soles, Quetzalcóatl bajó al Mictlán para pedir a Mictlantecuhtli los «huesos preciosos» de las generaciones anteriores y, con ellos, los dioses crearon a la humanidad del Quinto Sol.
Los 9 niveles del Mictlán según el Códice Vaticano A
Antes de empezar, una nota importante: los nombres, el orden y hasta el número de niveles cambian según la fuente. Las dos fuentes principales son el Códice Vaticano A (también llamado Códice Ríos, pintado en el siglo XVI y conservado en la Biblioteca Apostólica Vaticana) y el relato recogido por Sahagún en el Códice Florentino. Las listas de «los 9 niveles» que circulan en internet suelen mezclar ambas y, a veces, añaden nombres modernos. Aquí seguimos la lámina del Códice Vaticano A, que es la que muestra los niveles como una secuencia vertical, con la traducción más aceptada de cada nombre:
1. Tlalticpac: sobre la tierra
El punto de partida: el mundo de los vivos, desde donde el difunto comienza a bajar.
2. Apanohuayan: donde se cruza el agua
El primer obstáculo es un río. En el relato de Sahagún, el cruce del río ocurre con la ayuda de un perro.
3. Tepetl Monamictlan: donde los cerros se juntan
Dos montañas que chocan entre sí. El difunto debía pasar entre ellas sin quedar atrapado.
4. Iztépetl: el cerro de obsidiana
Un monte cubierto de piedras filosas de obsidiana, el vidrio volcánico con el que se hacían navajas y espejos.
5. Itzehecayan: el lugar del viento de obsidiana
Un viento helado tan fuerte que arrastraba piedras y pedazos de navaja. Por eso, dice Sahagún, se quemaban junto con el difunto sus ropas y pertenencias: para que lo abrigaran en ese paso.
6. Pancuecuetlacayan: donde la gente ondea como banderas
Un lugar donde los cuerpos se agitan y flotan en el aire, como banderas movidas por el viento.
7. Temiminaloyan: donde se flecha a la gente
Un paso en el que llueven flechas lanzadas por manos invisibles.
8. Teyollocualoyan: donde se comen los corazones
Aquí, según la interpretación más difundida, el difunto pierde el corazón: se desprende de lo último que lo ataba a la vida.
9. Itzmictlan Apochcalocan: el lugar de los muertos sin salida de humo
El final del camino, la morada de Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, un lugar descrito como cerrado, sin orificio para que salga el humo. Ahí el difunto por fin descansa.
¿Y los nombres que ves en otras listas?
Nombres como Itzcuintlan (el lugar del perro) o Chiconahualoyan aparecen en muchas versiones modernas, que combinan el códice con el relato de Sahagún. No están «mal»: son otra manera de ordenar las mismas imágenes. Lo honesto es saber que no existe una única lista oficial.
El viaje de cuatro años: cómo se preparaba al difunto
En el apéndice del libro III de su Historia general de las cosas de la Nueva España, Sahagún describe cómo se preparaba a un difunto para el viaje. Al amortajarlo, le daban papeles mientras le decían: con esto pasarás entre dos sierras que se encuentran; con esto pasarás el camino que guarda una culebra; con esto pasarás donde está la lagartija verde llamada xochitónal; con esto pasarás ocho páramos y ocho collados; con esto pasarás el viento de navajas.
Después venía el río, llamado Chiconahuapan. Para cruzarlo, el difunto necesitaba un perro. El viaje completo duraba cuatro años, y al llegar ante Mictlantecuhtli el difunto le entregaba los papeles, teas, cañas de perfume, hilo de algodón y mantas que llevaba. Los familiares hacían ofrendas y quemaban sus pertenencias a los ochenta días de la muerte, y luego al cumplirse uno, dos, tres y cuatro años. Es fácil reconocer en esa costumbre de volver a ofrendar, año tras año, algo muy familiar.
Del Mictlán a la ofrenda: el origen del Día de Muertos
La respuesta más aceptada por historiadores y antropólogos es que el Día de Muertos es una tradición que nació del encuentro de dos mundos.
Por un lado, los pueblos mesoamericanos ya dedicaban fiestas a sus muertos. Sahagún describe dos celebraciones del calendario mexica, Miccailhuitontli («la fiestecita de los muertos») y Hueymiccailhuitl («la gran fiesta de los muertos»), que, según las correlaciones más usadas, caían hacia agosto. Además, como vimos, la costumbre de ofrendar a los difuntos durante años era parte de la vida cotidiana.
Por otro lado, los españoles trajeron las celebraciones católicas de Todos los Santos (1 de noviembre) y Fieles Difuntos (2 de noviembre), con sus propias costumbres: visitar las tumbas, rezar, compartir pan y encender velas.
Con el tiempo, ambas tradiciones se fundieron. Las fechas quedaron en noviembre, y la forma de recordar a los muertos, con flores, comida, copal, fotos y la idea de que las almas vuelven a visitarnos, se volvió algo nuevo y propio, distinto en cada región de México.
En 2008, la UNESCO inscribió las fiestas indígenas dedicadas a los muertos en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
El cempasúchil, la flor que guía el camino
La flor que guía el camino, el cempasúchil (del náhuatl cempōhualxōchitl, «veinte flores» o «flor de muchos pétalos»), ya se usaba en rituales antes de la llegada de los españoles. Cada vez que marcamos con sus pétalos el camino hacia la ofrenda, algo del viaje al Mictlán sigue vivo.
Mira los videos
Si quieres profundizar, estos videos del canal completan el viaje:
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Preguntas frecuentes sobre el Mictlán
¿Cuántos niveles tiene el Mictlán?
La versión más difundida habla de nueve niveles, siguiendo la lámina del Códice Vaticano A. Sin embargo, los nombres, el orden y hasta el número cambian según la fuente, y no existe una única lista oficial.
¿Qué papel tiene el perro en el viaje al Mictlán?
Según el relato recogido por fray Bernardino de Sahagún, el difunto necesitaba un perro para cruzar el río Chiconahuapan. Por eso el perro aparece como guía y compañero de las almas.
¿El Mictlán es lo mismo que el infierno?
No. Los frailes del siglo XVI lo llamaron "infierno" por falta de otra palabra, pero en la visión nahua el destino del alma dependía sobre todo de cómo había muerto la persona, no de cómo se había portado. El Mictlán era el destino natural de la mayoría.
¿Cuánto duraba el viaje al Mictlán?
De acuerdo con Sahagún, el viaje completo duraba cuatro años. Por eso los familiares hacían ofrendas a los ochenta días de la muerte y luego al cumplirse uno, dos, tres y cuatro años.
Mira el programa
El viaje al Mictlán no es el único descenso al inframundo que han imaginado los pueblos del mundo. En el programa "Los viajes al inframundo: cuatro culturas, la misma historia".
▶ Ver en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=uySOpxHgPh0
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