Mitos de la primavera

Las cuatro estaciones encierran símbolos referidos al ritmo del cosmos, y por eso han sido señaladas con fiestas populares para que todo el pueblo pudiera seguir el rítmico devenir de la Tierra y la naturaleza. Tienen relación con el tiempo cíclico y renovador, que se refleja en el recorrido solar anual (estaciones), en el que hay dos puntos culminantes (verano e invierno) y otros dos de traspaso (primavera y otoño).


La primavera es la resurrección de la vida en toda la naturaleza como intermedio entre el invierno y el verano, hecho que se suele representar en la mitología universal por una lucha entre dos deidades opuestas y complementarias y con la muerte y entierro del carnaval. 


Perséfone y el mito de la primavera 



Démeter era la hija de los dioses Cronos y Rea, dios del tiempo y diosa del trabajo humano respectivamente. Démeter tenía bajo su responsabilidad a los pueblos agricultores y gracias a ella las semillas tenían la capacidad de germinar, que los árboles diesen su fruto y que los cereales madurasen y hubiera buenas cosechas.


El dios Zeus había tenido una hija con Démeter a la que llamaron Perséfone, Proserpina para los romanos, quien una vez se encontraba jugando y recogiendo flores en un bosque próximo a la fuente de Pergo con sus amigas intentando recoger las flores más bellas para fabricar unas guirnaldas.


En un momento en el que no estaba junto a su grupo, el dios del mundo subterráneo, Hades comenzó a espiarla y se enamoró de ella. Cada vez que la veía se obsesionaba más con ella hasta que un día montó en su carro y rápidamente se acercó al grupo de chicas y aunque éstas huyeron aterrorizadas, pudo dar con Perséfone y llevársela consigo. De esta forma, la joven Perséfone fue llevada al mundo de las sombras y tinieblas, obligada a convertirse en la esposa de Hades.


Démeter, su madre, no hacía más que buscarla por todos los rincones del mundo conocido, sin descanso. Finalmente encontró el cinturón de la hija que había perdido en el forcejeo, lo que hizo que Démeter maldijese a la Tierra y todo lo que hubo sobre ella cambió radicalmente, el cielo dejó de ser azul y se tornó plomizo, los árboles perdieron sus hojas, desaparecieron las flores, las cosechas se marchitaron y los lagos y ríos se helaron completamente. 


Apolo, el dios luminoso, decidió ayudar a Démeter, quien había subido hasta el Olimpo a pedir ayuda a Zeus, quien también la ayudó revelándole dónde se encontraba y que estaba sana y salva, lo que tranquilizó a la madre.


A quien no tranquilizó la situación fue a Zeus, dado que tenía en mucha estima a Démeter, así que decidió interceder con su Hermano Hades, a quien ordenaría que Perséfone sería su esposa durante seis meses y el resto del año estaría con su madre, para poder disfrutar de la cálida luz del sol. Esta es una de las muchas versiones existentes del mito de la primavera y para aquellos que han escuchado el nombre de Plutón en lugar de Hades, hay que decir que es la misma personificación, aunque Plutón era el nombre que le daban los romanos.


Hiperbórea

Según la mitología griega, Hiperbórea era un territorio situado más allá de Tracia, ciudad donde se supone que vivía Bóreas, el viento del norte. Se trataba de una región mágica, donde siempre era de día y brillaba el sol, y cuyos habitantes, que podían vivir hasta mil años, eran eternamente felices, libres de la vejez, de la enfermedad y de la guerra. Era un lugar prácticamente inalcanzable, ya que estaba custodiado por poderosas razas de semidioses que cuidaban de los hiperbóreos, y se encontraba protegido por enormes muros de hielo, con lo que se dificultaba llegar hasta este recóndito paraíso. Apolo, dios de la luz y el sol, era el único que recibía culto en Hiperbórea, donde emigraba cada 19 años para pasar los largos inviernos y rejuvenecer. Por eso se cree que los hiperbóreos eran similares a él: rubios, con los ojos claros y atléticos a la vez que esbeltos; en una palabra: hermosos. 



Las actuales Islandia y Groenlandia serían restos geológicos de dicho enigmático continente, que disfrutaba de un clima tropical con una exuberante vegetación, tal como demuestran los principales yacimientos de carbón fósil bajo el hielo de estas islas.


Existen muchas leyendas que mencionan a los habitantes de estas tierras:

Por ejemplo, el dios Apolo tenía un sacerdote hiperbóreo llamado Abaris, que se marchó de su país y recorrió el mundo curando a la gente con su magia y dando oráculos.El héroe griego Heracles, más conocido como Hércules, tuvo que perseguir a la Cierva de Cerinea durante un año hasta el país de los hiperbóreos, mientras realizaba el tercero de sus doce trabajos, donde esta finalmente se paró y fue atrapada.También se dice que a Medusa, conocida por convertir en piedra a aquellos que la miraban fijamente a los ojos, la desterraron a aquellas tierras por culpa de Afrodita, la diosa de la belleza y el amor.Asimismo, otros mitos griegos y romanos parecen hacer referencia también a Hiperbórea: El poeta griego Hesíodo habla de una isla al norte del mundo donde los héroes viven eternamente, gobernados por Cronos, el principal de la primera generación de titanes. Otras leyendas